| Uno de los paisajes del barrio |
Miembros de la Agrupación Rodolfo Walsh se acercaron, el pasado 5 de octubre, al barrio El Joelito en Villa Elvira, uno de los cuatro en los que realizan tareas de vinculación y ayuda. En ese día se inauguró un taller textil y se realizó un relevamiento en las casas del barrio, que están en litigio por apropiación ilícita. Estas actividades fueron realizadas en conjunto con miembros jóvenes de la JPBA Cámpora.
El taller de ropa, fue realizado con subsidios del proyecto del gobierno nacional EVA (Emprendedoras con Vocación Argentina). Esta propuesta fue llevada al barrio por las agrupaciones, que posibilitaron la incorporación al programa y ayudaron con la puesta en marcha.
El primer acercamiento desde La Agrupación Rodolfo Walsh fue en abril, días después de la trágica inundación que afectó a la ciudad de La Plata. En el Joelito una ligera lluvia deja agua acumulada en el arcilloso suelo, por lo que solo basta imaginar las condiciones en las que estaban las calles de tierra cuando los más de 400 milímetros de precipitaciones cayeron en los días de la inundación.
Pero cuando el agua se fue, salieron a la luz problemáticas anteriores a las lluvias. El principal es el largo conflicto legal relacionado con la propiedad de los terrenos en los que viven más de 60 familias.
Varios residentes denuncian haber comprado sus parcelas en buena fe a un mismo hombre, quien otorgo títulos de propiedad falsos, y a veces ni siquiera eso. Una joven pareja muestra una arrugada hoja de cuaderno, firmada por el estafador, como única prueba de la compra del terreno en el que edificaron su casa.
| Hogar de Rita Benítez, donde se desarrolla el taller textil. |
La situación es cuanto menos compleja. Los jóvenes militantes se abocaron a la tarea de censar a las familias, y brindar asesoría legal con apoyo de la organización Abogados por la Justicia Social.
La mayoría de los vecinos se muestran amables e interesados en recibir la ayuda. En el barrio hay casas en las que viven hasta ocho personas, y es normal encontrar tres generaciones bajo un mismo techo. La mayoría son inmigrantes extranjeros que trabajan en negro.
Pero no todos tratan bien a los jóvenes militantes. Algunos desconfían; ya han venido antes a pedir datos, desde otras organizaciones y de parte de los abogados demandantes. Un vecino expresó “es difícil saber en quien confiar”. Otro más acusador dijo “estos vienen porque se acercan las elecciones”.
Sigue el censo, al rayo del sol son varias horas de casa en casa. Mientras recorren el barrio, un grupo de chicos con gomeras sigue de cerca a los jóvenes militantes. Los niños los acompañan y cada tanto bajan de un hondazo a algún pájaro desprevenido. Los censistas no son para ellos ni la Walsh, ni la Cámpora. Los pequeños no los reconocen como un partido político, sino como jóvenes que juegan con ellos, que les ayudan con sus deberes y les leen cuentos.
Es un trabajo de hormiga para ayudar a una parte de la ciudad que muchos no saben que existe. El censo es para conocer la situación y estar un paso más cerca de unificar las causas, un primer paso del largo proceso para legalizar el estado de los vecinos. De estos muy pocos son los que pueden pagar un abogado, por lo que la ayuda legal que se les brinda es la única ayuda que pueden tener.
Hay antecedentes de haberlo logrado. Diferentes organizaciones han agrupado denuncias de otros barrios con casos similares y, a partir del reclamo, el Estado ha comprado las tierras a los propietarios legítimos, para luego instalar planes de pago para las familias que viven allí.
Es la militancia como motor de cambio social. Puede sonar a eslogan, repetido hasta el hartazgo, pero sorprende (y reconforta) saber que es verdad.
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